LIBERTAD Y RESPETO
De nuevo se han convocado elecciones generales. Estas serán la número dieciséis, y cada una de ellas tendrá su propio sello. Me atrevo a decir que solo coinciden en sus protagonistas reales: los ciudadanos electores.
Me viene a la mente ese momento en el que, con las papeletas en la mano y frente a la urna, siento que tengo el poder de decidir libremente quiénes deben ser los representantes de la soberanía popular y quiénes pueden desempeñar mejor esa responsabilidad. Esto tiene un nombre, y además lo tiene con mayúsculas: DEMOCRACIA. ¿Existe algo que nos dé mayor capacidad de decisión?
Este momento nos llega después de un periodo en el que quienes desean ser elegidos nos cuentan qué compromisos adquieren con nosotros para los próximos cuatro años. Lo hacen en ese documento que es el programa electoral y que, mucho me temo, pocos electores leen. Entonces, ¿en qué se basan para elegir? Me atrevo a afirmar que, en buena medida, son dos las referencias que se utilizan. La primera tiene que ver con la coincidencia ideológica con el grupo elegido. La segunda, la información recibida a través de los diferentes medios de comunicación y, en especial, de las redes sociales, donde con frecuencia circulan bulos e infundios cuyo fin es generar odio y abrir trinchera contra quienes se consideran enemigos. Esta tendencia se dirige, casi en su totalidad, contra el Gobierno.
Así pues, la transparencia es la mejor manera de que los electores decidan qué es lo mejor para el país. En estos días hemos visto que el Partido Popular y Vox andan jugueteando con el tema de las pensiones, y esto genera desconfianza. Deben anunciar con claridad qué van a hacer con ellas. Lo mismo sucede con el modelo laboral existente: también en este asunto van y vienen. Y ya no digamos con la vivienda, un problema especialmente complejo y motivo de reivindicación en estos momentos.
Pero deseo hacer un alto en el relato, aunque verán que también tiene relación con la decisión en el proceso electoral. El pasado día 12, como todos los años, se celebró el Día de la Hispanidad y, como de costumbre, tuvo lugar el desfile militar, presidido por los Reyes y acompañado por el presidente del Gobierno. A la llegada de este, fue abucheado e insultado gravemente. Esto viene sucediendo únicamente cuando el presidente pertenece al PSOE. Considero que esta es una forma irracional de entender la democracia y a sus representantes.
Pero este año, cuando finalizó el desfile, un numeroso grupo, formado en su mayoría por menores de edad y portando banderas de España y algunas otras de carácter fascista, se dirigió a la Puerta del Sol, donde se encuentran acampadas las personas que protestan por el problema de la vivienda. Pues bien, el objetivo de quienes acudieron allí era insultar y amenazar a los acampados y al presidente del Gobierno. Ante el perfil de muchos de esos menores, me pregunto: ¿qué clase de educación reciben de sus padres? ¿No les han contado que, desde que hay democracia en este país, los gobiernos representan la voluntad de los ciudadanos? ¿No les han enseñado que la única forma de convivir con los demás se basa en el respeto y en la democracia en libertad? Quizás esos padres no consideren la democracia el mejor de los sistemas y prefieran una dictadura como la que ya vivimos, que representa la ley del más fuerte.
Pero volvamos a analizar este proceso electoral, en el que se están produciendo ciertas acciones que, de alguna forma, ya se habían iniciado en las elecciones de 2023 y en algunas otras autonómicas, como las de Extremadura. Se están enviando mensajes a la ciudadanía según los cuales el Gobierno podría estar manipulando los votos por correo y alterando así el resultado electoral. Sobre esto, afirmo con absoluta firmeza que el proceso electoral en España es un ejemplo de cómo debe desarrollarse una votación libre y limpia, sin ningún matiz. Por ello, hay que denunciar que la derecha, representada por el PP, y la extrema derecha, representada por Vox, no pueden condicionar a los ciudadanos de una forma tan perversa y engañosa. Entiendo que la consecuencia de esta manera de actuar es que estos partidos no creen en la democracia como expresión del derecho de los ciudadanos a ejercer libremente su voluntad.
Sin embargo, como garantía de la limpieza electoral, reclamaría que los medios de comunicación social abandonen su posición de promoción de determinados partidos políticos y se dediquen a ofrecer información neutral sobre el proceso electoral y las propuestas que los partidos presentan en sus programas. Es necesario que, en un país libre y democrático como el nuestro, y en un momento tan especial como el de unas elecciones, seamos los ciudadanos capaces de reflexionar y analizar qué es lo que más nos interesa, para que el voto sea únicamente nuestro.
Antonio Morlanes

